domingo, 14 de mayo de 2017

Dragustín, un dragón de cine, Mar Pavón y Lucía Serrano



Nada más ver Dragustín, un dragón de cine, hubo algo que me atrajo en él. Me pareció un libro vivaz y positivo, aun antes de abrirlo. Mi amiga P. me dijo que a su hijo le encantaba, es más, que era uno de sus preferidos, y le pedí que me lo prestara para leerlo con M. 

Y, efectivamente, Dragustín no decepciona. M. se estuvo partiendo de risa desde la primera a la última página, y lo hemos releído muchas veces. El cuento narra la historia de Dragustín, un dragón feliz... y también muy rutinario, hasta casi el aburrimiento, que hace todos los días lo mismo: "levantarse a las siete, desayunar a las ocho, leer el periódico a las nueve, pasear a las once..." y así con todo. 


Pero lo que Dragustín aún no sabe es que de un día para otro le va a cambiar la vida a raíz de contestar a un anuncio por palabras del periódico en el que se busca a un actor para interpretar el papel de dragón en un película.

Él piensa que, a pesar de no ser actor, nadie podría representar ese papel mejor que él. Así que, ni corto ni perezoso, se planta en la calle San Jorge (guiño para los mayores) para hacer el casting. Dragustín causa sensación en el plató porque es enorme, aunque también un poco torpe, y causa un par de destrozos sin pretenderlo. 



Al director de la película es al que más le gusta y le contrata sin dudarlo. Los días de rodaje se suceden y Dragustín se maneja regular en unos espacios tan pequeños para su envergadura. Así que, sin querer, rompe el decorado, le pisa el pelo a la princesa o se lo pone muy difícil al caballero cuando le quiere clavar la lanza. El dragón se siente avergonzado, pero el director en cambio está encantado con el realismo de su personaje y no hace más que alabarlo:

¡TREMENDO, BRUTAL, MONSTRUOSO!


Eso sí, todos creen que Dragustín es un actor con un disfraz muy logrado. Poco a poco, Dragustín va sintiéndose más cómodo con esa vida ruidosa e imprevisible que tiene ahora, y se va olvidando de sus rutinas de antaño que tanta seguridad le daban. 

Después de muchas aventuras, un día todo el equipo descubre que Dragustín es un dragón de verdad y... después del susto inicial incluso van con él al estreno de la película, al fin y al cabo ¡él es la estrella!
Me parto con la cara de Dragustín y con sus posturas


Viendo las ilustraciones os podéis hacer una idea de lo simpaticorro y expresivo que es Dragustín. La edición y el formato están muy cuidados y es un libro que os recomiendo sin dudarlo.

* (Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).


 
  

miércoles, 29 de marzo de 2017

Quién quiere ser madre, Silvia Nanclares


Vengo a escribir sobre Quién quiere ser madre, de Silvia Nanclares, a una cafetería. Estoy en Madrid, fuera de mi ambiente habitual, pudiendo mirar la rutina de los demás sin ocuparme de la mía. Un grupo de madres recientes se ponen al día mientras sus bebés se mueven sin parar e intentan coger todo lo que tienen a su alcance. Mi hija tiene seis años y es la segunda vez que estamos separadas durante unos días. Puede parecer anecdótico, pero este hecho envuelve la situación y a mí misma en un halo de irrealidad porosa que seguro que influye en mis palabras.
Me cuesta concentrarme porque el oído se me va involuntariamente hacia la conversación de esas madres en la mesa de al lado, a su vivencia, que en parte puedo reconocer como mía. 

Toda esta introducción tiene más que ver con Quién quiere ser madre de lo que parece, porque Silvia Nanclares narra y hace literatura de una experiencia vital que no ha sido la mía, pero que podría haber sido parecida si yo hubiera tomado otras decisiones y seguido otro camino. Su historia ha conectado con algo muy profundo dentro de mí misma mientras iba pasando sus páginas sin poder despegar la vista de esa vida, la ficción autobiográfica que su autora nos ha regalado.

Los que seguís el blog sabéis que sobre todo escribo de libros que me han gustado y que quiero compartir para que caminen un poco más allá y puedan llegar a personas que quizá de otro modo nunca los hubieran conocido.
Pero hay otros casos en que un libro me agarra y se me mete dentro haciéndome florecer y emocionándome, entonces no puedo parar de leer y es como si estuviera sentada con quien lo ha escrito y me estuviera contando de viva voz todo eso que tanto me agita, que me hubiera gustado escribir a mí. Esta novela es uno de esos casos.

Aunque ya lo haya dicho algún crítico, quiero repetir que Quién quiere ser madre es una novela necesaria, con un tema y una forma de tratarlo que nadie había abordado aún en la literatura española. Y yo añado que es una novela sincera, directa, sin trucos, escrita desde las entrañas que me ha hecho reflexionar y emocionarme.

Aborda, sin ningún tipo de sentimentalismos ni tópicos, el deseo de ser madre de una mujer, Silvia, que está a punto de cumplir 40 años y que ve como el tiempo y su "reloj biológico" han dejado de ir a su favor o de ser "una construcción social de género" y empieza a cargarse de biología y a funcionar como una bomba de tiempo,       "(...) tic, tac, estoy sentada encima".

Esta novela es su viaje, desde la ilusión, el anhelo de la maternidad, el deseo corporal, las dudas, la frustración de no encajar en un molde, el autocuestionamiento... El haz y el envés de un deseo.

Pero también es una novela de amor sin romanticismo vacío, y una novela familiar con el dolor por la muerte de un ser querido descrito con una autenticidad desarmante.

No puedo resistirme a copiar un par de frases.

"Y agradezco, aturdida, a la vida por regalarme a una persona mientras me sustrae la fuerza de otra".

"Y bebo. Y lloro. El tiempo, definitivamente, se ha salido de madre".

Quién quiere ser madre también es tan grande porque es feminista, porque consigue con su experiencia personal hacer una reflexión general sobre la generación de nuestras madres, que fueron jóvenes en los 60 y tanto lucharon por hacer valer su identidad como mujeres. Y sobre la nuestra: precaria, perdida, con tantos derechos, libertades y experiencias ganados, pero con todas las contradicciones y dificultades de vivir en un sistema que vemos destruirse, y que nos destruye, delante de nuestros ojos. 

¿Quién podrá y querrá tener hijos con una vida tan líquida? Silvia Nanclares habla largamente de ello en la novela, de las madres, las que no lo son y las que querrían serlo. Y lo hace sin aspavientos ni victimismo. ¡Y eso me ha encantado!

Y leer la vida, una vida real es como un bálsamo frente a todos los sueños incumplidos y rotos que son parte de mi vida. Gracias, Silvia, por darle una patada de realidad a la mentira del amor romántico, a las maternidades sin mácula, al feminismo sin contradicciones, al capitalismo feroz que quiere comercializar con el deseo de tener hijos...

Bienvenidas a la novela social del siglo XXI. 
"Lo privado es político"

*(Si te interesa esta novela y no la encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarla a través de este enlace y así ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias). 

viernes, 17 de marzo de 2017

Fresy Cool, Antonio J. Rodríguez


(Cuando un escritor te decepciona)


Esta mañana me he puesto de mal humor, Fresy Cool tiene ese don, no se lo voy a negar, pero después de transitar por diversos estados de ánimo y sensaciones mientras la leía no he podido más y la he tenido que dejar. Y digo "tenido" porque realmente he sentido que la novela no me dejaba otra opción. Exactamente en la página 260. En realidad, me quedaban poco más de 100 páginas para terminarla; podía haber hecho el esfuerzo, pero estaba completamente saturada de su intelectualidad vacía, su superposición de citas intelectuales y sus guiños posmodernos.

No me gusta nada dejar los libros, en parte es como si traicionara al autor, pero tengo montañas de ellos esperando ser leídos y demasiado poco tiempo como para hacerlo por inercia, sintiendo que el fondo y la forma de la ficción no me aporta nada ni me remueve por dentro.

Podía haber sido diferente. Me gustan mucho las novelas generacionales, las historias de jovencísimos airados, y Fresy Cool y su Madrizcentro alucinado podía haberme enganchado...
 A Antonio J. Rodríguez le conocía por su novia, Luna Miguel, a la que sigo a través de su blog. Ella es como un sueño: poeta, bella como una ninfa y una evocadora 3.0. También leí algunas entradas del blog del autor que escribía con el seudónimo de Ibraim Berlín; y me gustaron. Estaban llenas de referencias cultas, de cultura pop y análisis sociológicos, pero, claro, no pretendían ser un texto fundacional.

La novela es... de verdad, me faltan palabras para describirla. Es lo más vacío y pretencioso que he leído en mucho tiempo. Aunque también es posible que yo sea una persona antigua que no entiende el valor disruptor de la experimentalidad en literatura. Fresy Cool es básicamente un experimento fallido, una novela que dinamita los géneros, la linealidad, la trama en pos de una verborrea incontenible, tropecientos heterónimos, ironía y miles de lecturas metidas a presión en el texto para que al lector no se le olvide la grandísima cultura de su autor (y tampoco su enorme ego)
Aún así, intentando ser justa, creo que tiene mucho mérito escribir así, tan difícil, tan lleno de literatura, jerga y cambios de espacio-tiempos, narradores... pero también creo que Antonio J. Rodríguez escribe para sí mismo y no para los que le leemos ya que estoy segura de que no soy la única que se ha sentido timada. Y es raro, porque está bien escrita, es un auténtico ejercicio de virtuosismo literario, pero no hay nada auténtico ni visceral en ella. Es todo falso y plasticoso.

Tomo una cita de las muchísimas que a su vez hay en la novela: "Toda novela se escribe para vengarse". Oye, pues lo has conseguido.

martes, 7 de marzo de 2017

Los Goytisolo, Miguel Dalmau

(No ficción)


En esta entrada me gustaría compartir la biografía de Los Goytisolo, escrita por Miguel Dalmau. Las biografías y las autobiografías son un género en sí mismas, que creo (o por lo menos en mi caso está siendo así) que se empiezan a apreciar  de verdad cuando una va haciéndose mayor. 

Con veinte años me interesaba infinitamente más leer novelas, por muy existenciales y oscuras que estas fueran, retratos generacionales ficticios, cuentos hiperrealistas, realismo mágico en vena, Bildungs Roman... y casi cualquier cosa antes de animarme con las vidas reales de escritores, artistas o directores de cine. 
Pero, como ya sabréis, es un género muy cultivado y hay muchísimas biografías y autobiografías de toda suerte de personajes conocidos, desde los más fascinantes a los más prescindibles y estúpidos. Algunas de ellas, como Open, la autobiografía de André Agasi, nunca pensé que me llegarían a interesar, pero ahora estoy deseando leerla ya que por lo visto supera totalmente el ámbito deportivo, ahondando en las contradicciones y el sufrimiento de la persona enfrentada al mito en que los demás han querido convertirlo, y odiando aquello (el tenis) que le ha llevado a la fama.

Aunque ahora que me acuerdo, cuando era algo más joven, bueno, en realidad hace más de 15 años, leí dos autobiografías que me gustaron mucho. La primera es una autobiografía atípica de Groucho Marx que lleva por título Groucho y yo, y que leía en la calle del Oso, en el cuarto sin ventanas de S. La segunda me marcó más, ya que me servía de proyección de mis anhelos de convertirme en escritora. Leer los fracasos, tumbos y profesiones inverosímiles de Paul Auster, relatados por él mismo, antes de llegar a convertirse en el escritor de culto que es hoy, me hacía sentir que todo era posible, a pesar de los fracasos. El libro se titula A salto de mata. Crónica de un fracaso precoz.



En el blog he reseñado algunas autobiografías al uso, como esta de Agatha Christie, y biografías sui generis, como esta otra sobre Roberto Bolaño.

He leído Los Goytisolo porque en un momento de mi vida, por alguna razón que se me escapa, Juan y Luis Goytisolo fueron importantes y estaban presentes, y no entendía todas sus palabras y las implicaciones de las mismas, pero no importaba, porque La cólera de Aquiles y Señas se identidadresonaban fuerte, me hablaban a mí, como solo saben hacer los buenos libros, como si yo hubiese vivido esa opresión y esa libertad atisbada que fueron los años 60 en España. Y por sus palabras conocí Cadaqués, la angustia del escritor dentro de su libro, los monólogos interiores llenos de vericuetos...

Es cierto que la biografía se hace pesada (tanto literal como metafóricamente) y hay partes en las que cuesta avanzar. Pero es un ingente mar de información sobre estos tres hermanos escritores y su temperamento artístico, así como sus circunstancias familiares; y un fresco minucioso de la vida de la burguesía catalana desde finales del siglo XIX hasta finales de los años 90 del XX.

miércoles, 25 de enero de 2017

Mamá, Mariana Ruiz Johnson


¿Cómo un libro tan sencillo y con tan poco texto puede dejarte sin palabras?


Pues eso es justamente lo que me ha pasado con Mamá. Era un libro del que ya había oído hablar, pero no había disfrutado de sus fantásticas ilustraciones, su tacto y su poder de evocación hasta que mi amiga E. me lo prestó.

Después de un par de meses ya ha llegado el momento de devolvérselo, y me gusta tanto que me da pena y me estoy resistiendo (pero no sufráis, que no me lo voy a quedar).
Me encanta el culillo picudo del bebé.
Mamá es un libro infantil, pero en realidad a las que nos va a sacar las lágrimas es a las madres, porque trata justo de eso: de la relación simbiótica entre madre e hijo desde el embarazo hasta la adultez. 
La historia está escrita en rima y tiene versos tan evocadores como estos:

"Mamá es tantas cosas...
Es casa redonda,
mullida y andante, 
es centro feliz,
seguro y radiante".  

 Lo primero que me ha llamado la atención es la atractiva gama de colores que utiliza, muy llamativos y vivos sin resultar estridentes. Se mueven en una gama de tonos tierra, verdes y azules que nos acercan a una interpretación expresionista de la naturaleza.

A lo largo de sus páginas acompañamos a una mamá humana, así como a una mamá vaca, oso, leopardo, elefante y cocodrilo. Me encantan las páginas en las que las mamás están embarazadas y se ve a los bebés, felices en sus tripas.


Otro momento que me ha atraído como un imán es cuando la mujer da a luz a su hijo. El texto que acompaña la imagen (como podéis ver en la foto superior) expresa un sinfín de emociones usando solo unas pocas palabras, y la ilustración me ha llegado al corazón al ser, para mí, una recreación metafórica de lo que puede ser un parto "salvaje" y libre. Es una imagen muy potente y poderosa. 
Por supuesto esto es lo que me ha evocado a mí, pero hay muchas otras posibles interpretaciones. Lo que está claro es que aquí la mujer no está en una quirúrgica y fría sala de hospital, sino que se encuentra en medio de un bosque o una selva, acompañada por los ruidos de la noche y en lo que podría ser un parto "extátito".


Las siguientes páginas son una celebración sencilla y sincera de todo lo especial que tiene esa relación entre madres e hijos, da igual de qué especie. Y la autora consigue que la veamos tanto desde el prisma del hijo como desde el de la madre.
Mamá es realismo mágico sin necesidad de complicadas descripciones.

Me parece un libro maravilloso para regalar a una madre reciente (o no tanto), y que seguro que le llegará al corazón.



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miércoles, 18 de enero de 2017

No ficción: La enfermedad como camino, Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke


El otoño de 2015 estuve enferma, con una de esas dolencias difusas y difícilmente diagnosticables que he tenido varias veces a lo largo de mi vida. Me sentí regular, sobre todo de ánimo, durante unos seis meses, aunque de forma intermitente, y me estuve cuidando bastante y preocupando aún más. 

En esa época leí este libro y aunque no estoy de acuerdo con todos sus razonamientos y correspondencias sí me ayudó a ver de forma más profunda e integral el sentido de la enfermedad, y, como dice su título, cómo el estar enfermo puede ser un camino que lleva a un conocimiento más auténtico de cada uno de nosotros.

Quería escribir una reseña del libro pero lo que salía eran más bien quejas no veladas y vivencias que necesitaba poner por escrito. La reseña se quedó en barbecho, pero como considero este libro muy interesante, he querido recuperarla. Lo que viene a continuación es lo que escribí en algún momento de aquellos meses.

Estoy enferma. Sí, sé que suena lapidario y absurdo cuando lo más probable es que no sea nada grave, pero me siento mal, me preocupo y ese prisma lo condiciona todo volviéndolo gris y a mí agria. 
Mi estómago está hecho un higo y la comida me sienta muy mal. Añadámosle acidez, esófago irritado, dolores de cabeza difusos y un par de virus encadenados  y os haréis una idea de cómo me siento, esa soy yo en estos momentos... y creedme, soy muy mala enferma. Me quejo, me autocompadezco, rastreo Internet ávida de foros de hipocondriacos con mis mismos síntomas, llamo a mis parientes (sobre todo a mi madre) con la voz entrecortada retrotayéndome a la niña aprensiva que en su momento fui.

Mostrar mis miserias no me resulta fácil, pero como creo que ya he dicho en el blog más de una vez, escribirlas es en parte convertirlas en ficción y hacer que sean más llevaderas, menos punzantes.

Si mi barriga vs. estómago vs. sistema digestivo hablase, seguramente me diría: "Te has pasado: los bocadillos, el chorizo, el tinto de verano, los ahumados, los vinagrillos (cuanto más picantes, mejor, era mi lema) y el comer a 200 revoluciones por minuto te los vas a comer (nunca mejor dicho) con patatas, guapa". Y cuando el estómago te dice algo así, entiendes, gracias a su persuasivo lenguaje, que más te vale empezar a hacerle caso.
Quizá mi estómago me esté diciendo: "Oye tú, no te habías enterado de que soy el segundo cerebro, de que todo el estrés, la ansiedad, los saltos de un sitio a otro, el usar el cuerpo como si fuera una silla y la insatisfacción y frustraciones que tantas veces te tragas en realidad me los estoy tragando yo... ¡estoy harto!". Y como no puede hablar, esto te lo dice con un ardor brutal, reflujos gástricos y otras lindezas por el estilo.
Y en esa tesitura, aunque me resista, decido empezar a hacer caso a los "mensajes" de mi cuerpo. Y aún así, porque soy como soy, me quejo amargamente para mí misma: "Jo, pues ni que yo tuviera tan malos hábitos, hay personas por ahí que beben como esponjas, que fuman como carreteros, que solo comen mierdas precocinadas y kebabs, y ahí están, tan campantes, sanos y sonrosados como cerditos. Mientras yo, si me paso un poco, me pongo así. ¡Es injusto! 
Pero entonces recapacito y recuerdo lecciones que aprendí del valioso libro La enfermedad como camino, y por lo menos racionalmente intento cambiar mi discurso y sobre todo creérmelo. 

Me doy cuenta de que lo que aprecio y valoro la salud, estar sana. El estado general del que disfruto y que doy por sentado, en realidad es solo una cara de la moneda, que en la otra tiene a la enfermedad. Ambas son parte de una misma realidad. Así que desde ese prisma la enfermedad no es mala en sí misma, sino que podemos entenderla como una oportunidad para pararse, revisar la propia vida, llevar a cabo cambios y sanar todas aquellas cosas que están ahí constantemente, pero a las que no vemos o no hacemos caso porque son dolorosas. 

El dolor tiene un sentido, como si el cuerpo nos avisara, al principio con una bocinilla, pero si no le escuchamos cada vez más fuerte, hasta llegar a darnos un bocinazo que nos deje secos. Así que en este punto estoy agradecida de que mi cuerpo me avise a estos niveles y no me deje intoxicarme tanto como para llegar a tener una enfermedad más grave.

No es fácil cambiar de hábitos, pero  te aseguro que cuando tu estómago se revela ante aquello que le hace daño (que en la fase aguda son casi todas las cosas que comemos a diario) es mucho más fácil.
Así que debo estar agradecida por este toque, por obligarme a beber solo agua, tomar fruta con moderación, verduras suaves y arroz, por haber dejado los embutidos, el pan, las salsas y el azúcar, el exceso de proteína animal y el café, por dejar el tabaco y empezar a hacer deporte y plantearme la meditación.
De fondo oigo a mi madre en off: "Y la psicoterapia, Aida, porque esa hipocondria que tienes también es una enfermedad, pero mental".

Leer La enfermedad como camino ayuda a encarar el dolor y el malestar de las enfermedades de otra forma, e intenta ir a las causas de las mismas y no a los síntomas, que no son más que toques de atención. 

La segunda parte del libro, también muy interesante, trata de la relación de las emociones, sentimientos y pensamientos con las diferentes enfermedades, para así poder entenderlas y curarlas, o cuanto menos transitarlas como un aprendizaje.
A pesar de que no comulgo totalmente con la teoría de las correspondencias, creo que es un libro muy inspirador y del que se puede aprender mucho.

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jueves, 12 de enero de 2017

El leñador y la reina de los zorros, Daniel Alarcón (sobre una leyenda japonesa)


Este libro, creo que muy poco conocido, lo descubrí en la biblioteca. Me llamó la atención el zorro de la portada porque me pareció que tenía un gesto muy simpático y algo malicioso; así que me lo llevé a casa. Al abrir sus páginas la primera impresión que me llevé fue la de hallarme ante un impresionante trabajo visual.


Daniel Alarcón ha conseguido recrear el universo de una leyenda nipona con un detalle y un estilo impresionantes. Sus ilustraciones son una gozada para perderse en ellas y dejarse llevar. Una fantasía de naturaleza y espíritus silvícolas.
Pero aún no os he dicho nada del argumento: La historia recrea la leyenda japonesa de una leñador que vivía en una cabaña en el bosque. Un día se encuentra a un zorro famélico que intenta alcanzar unas uvas de una parra demasiado alta para él. el leñador se apiada de él y le ayuda a conseguirlas. Pasado un tiempo, el leñador se vuelve a encontrar con el zorro, que ahora tiene mucho mejor aspecto.


El zorro conduce al muchacho hasta su hogar, escondido en lo más profundo del bosque. Allí conocerá a la enigmática y atractiva mujer zorro. Ella le entrega una capa roja en agradecimiento por haberse portado noblemente con uno de sus hijos. El leñador está tan desconcertado que no sabe si todo aquello es solo un sueño, pero al ponerse la capa le invaden un sinfín de sensaciones: puede ver y oír el bosque, y a todos los seres vivos que forman parte de él.
El resto del cuento habla de todas las buenas acciones que lleva a cabo gracias al poder de escuchar y comprender a la naturaleza que le ha sido concedido por la reina de los zorros.


El cuento tiene un aura mágica y oscura que me ha fascinado. La leyenda en la que se basa se conocía originalmente como "la leyenda de la capa roja con orejas" (mimi akazuki). Es una historia oral muy antigua y muy conocida en japón cuyo protagonismo recae en los kitsure: zorros que se pueden transformar en humanos y que son criaturas protectoras del bosque.

Es muy bonito y liberador leer cuentos como este, que no pretendan educar ni tematizar una problemática de la infancia (algo muy común en la literatura infantil actual), y que nos cuente solo una historia fantástica con personajes pilluelos y con un espeso bosque como escenario y personaje. 
Es un libro adecuado tanto para niños como para adultos. Los primeros se quedarán con la parte más fantástica y de misterio de la historia, mientras que los adultos, como me ha pasado a mí, se pueden sentir atraídos por las fantásticas ilustraciones de estilo manga y la ligera inmersión en una historia sacada de las religiones animistas orientales que tanto me gustan. Por todo ello es un libro que os recomiendo sin ningún género de dudas.


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