miércoles, 2 de agosto de 2017

Soy leyenda, Richard Matheson

Soy leyenda, Richard Matheson

Hay que ser benévolo con las reseñas y los reseñistas en verano, sobre todo cuando estos últimos aún no tienen vacaciones, y eso es ni más ni menos lo que os pido.

En Soy leyenda hay un hombre, solo, en una ciudad, los Ángeles, en 1976, en el futuro del pasado (la novela fue escrita en 1953), un futuro sobre el que ya hemos pasado, del que nos hemos librado, que quizá aún nos acecha en un pliegue del espacio-tiempo.

Distopia escueta, distante, cortante y fría como la hoja de metal de los cuchillos con los que Robert Neville tiene que defenderse de los "vampiros" que cada noche arañan las puertas y las ventanas trabadas con madera. Su casa convertida en búnquer obligado.

La tercera persona es tan directa que casi parece que es el propio Neville el que nos cuenta su historia: la soledad, la ansiedad, las alucinaciones, el miedo, el desconsuelo, la esperanza ciega diluida en las botellas de whisky que se suceden noche tras noche.

¿Y si los vampiros no fueran tales, sino seres vivos infectados con una suerte de virus que los arranca de la muerte para hacerlos penar en una no-vida vidriosa? 


Pandemia, guerra bacteriológica... solo llegamos a saber lo que descubre Neville en su laboratorio casero. 

La distopía me deja siempre con ganas de más, conjura mis miedos, conduce mis temores por los derroteros de la ficción.

¿Qué ocurrirá cuando la monotonía violenta de los días de Neville se vea interrumpida por la visión de otro ser humano? ¿Hubiese sido mejor haber seguido solo?

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jueves, 20 de julio de 2017

La pequeña princesa, Tony Ross

La pequeña princesa, Tony Ross


La pequeña princesa es una serie de cuentos escritos e ilustrados por el autor inglés Tony Ross. Cuando yo tenía cuatro o cinco años, unos de mis cuentos favoritos eran los que tenían como protagonista al perro Rodolfo, cuyas torpezas, muecas y aventuras me hacían partirme de la risa. Hace poco descubrí que su autor también era Tony Ross.
Tony Ross nació en Inglaterra en 1938 y es un autor muy famoso de libros infantiles.
La pequeña princesa, Tony Ross
Me encanta la reacción de la pequeña princesa cuando le dicen que tiene que usar el orinal.

La pequeña princesa, Tony Ross

El personaje de la pequeña princesa, al igual que el perro Rodolfo, tiene un humor peculiar y en seguida se hace querer por los lectores. A esto contribuye el cómo están dibujados y las historias que les pasan.
El universo de la pequeña princesa tiene un toque surrealista y de humor absurdo muy bien logrado que lo aleja de muchos cuentos infantiles que pecan de ñoños.
La pequeña princesa, Tony Ross
La princesa es una niña de cuatro años muy curiosa y atrevida, y siempre está organizando algún lío a sus familiares o a los trabajadores del castillo.

Me encanta que la pequeña princesa se aleje del universo "princesil" (que tanto gusta a muchas niñas, M. incluida, durante una etapa que se hace muy larga) ya que no lleva vestidos pomposos ni caga purpurina, sino que siempre va con un camisón blanco hasta los pies. Y al reflejar un universo surrealista y fantasioso, lo poco que queda de los clichés rancios de príncipes y princesas está tamizado por el inteligente y travieso humor de Tony Ross.
La pequeña princesa, Tony Ross
Aquí vemos a la princesa, roja por el esfuerzo y muy orgullosa de su creación.
Las fotos que incluyo hasta aquí son del primer libro de la serie que encontramos, en alemán, en un bazar de libros para regalar en la biblioteca. Es un libro muy divertido para tratar el temazo de quitar el pañal y empezar a usar el orinal, y los niños/as se pueden sentir muy identificados con las aventuras y desventuras de la pequeña princesa en esa situación.
La pequeña princesa, Tony Ross

La pequeña princesa, Tony Ross









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jueves, 6 de julio de 2017

Escribir mujer: Rocío Sliva Santiesteban

ROCÍO SILVA SANTIESTEBAN (Lima, 1963-)

«Escribimos para ser». Elena Poniatowsca
«No quiero la belleza, quiero la identidad». Clarice Lispector

Esta escritora peruana ha publicado cuatro libros de poesía: Asuntos circunstanciales (1984), Ese oficio no me gusta (1987), Mariposa negra (1993, 1998) y Condenado amor (1995) y uno de relatos, Me perturbas (1994 y 2001); también destaca en su labor ensayística y teórica, en particular sobre temas de género.


R.S.S se posiciona en contra de la afirmación de que la literatura no tiene género (entendido este como la construcción social de la diferencia sexual). Para ella lo literario no puede escapar de los roles sociales asignados a hombres y a mujeres. Por lo tanto, la literatura escrita por mujeres estará impregnada inevitablemente por esa huella. Este debate ha dado lugar a muchas opiniones encontradas dentro y fuera del feminismo.

Las mujeres que escriben desde una conciencia feminista buscan encontrar su voz, tradicionalmente silenciada o ninguneada por una sociedad patriarcal. El lenguaje es un arma de poder. Las mujeres como grupo minorizado (término utilizado por Susana Reisz): marginadas en el interior de cada cultura y de cada clase social, tienen que hacerse un hueco en la lengua dominante cuando escriben y usurpar/conquistar su espacio, lo cual convierte el ejercicio de la literatura en un acto combativo en sí mismo.

Estas reflexiones se inscriben en el contexto del feminismo en Latinoamérica a partir de los años 80, que suponen la asunción plena de postulados feministas reivindicados y luchados en las dos décadas anteriores, que buscaban sacar a la luz los mecanismos opresores de la cultura patriarcal y preguntarse por la identidad femenina en general y la identidad de la mujer latinoamericana en particular. Hay un cuestionamiento de los estereotipos de la feminidad impuestos a las mujeres y a la vez buscan sacar a la luz la propia voz, el relato de la propia experiencia. En este contexto es en el que se inscribe la vida y la obra de R.S.S.

Rocío Silva Santiesteban, haciendo suyas las palabras de la periodista Maruja Barrij, se define como una «pequeño burguesa ilustrada», autodefinición que nos da una idea de la posición desde la que escribe.



Hasta mediados del siglo xx la literatura escrita por mujeres había sido considerada y etiquetada como una literatura menor: anclada en lo privado (lo cotidiano y la familia), ausente de nivel simbólico, fragmentaria, subjetivista, sentimental, etc., con un sentido claramente peyorativo. Desde la crítica literaria feminista se ha buscado dar la vuelta y subvertir el valor que se les ha otorgado a estos textos y hacer una reivindicación de «lo íntimo» en la literatura. ¿De qué van a escribir las mujeres si lo público les está vedado? En este sentido la autora afirma: «La mujer posee esa ansiosa búsqueda de lo íntimo, de lo interior, busca una trascendencia en lo cotidiano […], porque una mujer escribe desde los márgenes, desde lo subalterno, desde otro lugar diferente y diferenciado al lugar del varón en la cultura»[1]. Así lo privado se convierte en político.

El volumen de cuentos que voy a comentar se titula Me perturbas y se publicó en 1994. Es un título muy bien escogido ya que la sensación que produce su lectura es de perturbación. Y se presta a un juego de sentido: ¿a quién perturban estos relatos? ¿al lector? ¿a la sociedad machista peruana? ¿a un sector del feminismo? En este sentido es un libro políticamente incorrecto. Provocador, escalofriante, no deja indiferente, hiere la sensibilidad y no hace concesiones. Relata historias siniestras y marginales. Los personajes de estos cuentos están marcados por la incomunicación y la violencia. Los cuentos suelen reducirse, a excepción de «El limpiador», a una sola escena que se narra in media res, sin poner en antecedentes al lector, que va intuyendo retazos de la historia mediante pinceladas. No se reconoce en ellos un entorno social, no se mencionan calles o hechos que guíen al lector sobre dónde se desarrollan los acontecimientos, más que en un par de cuentos en los que se menciona Lima. En este sentido, es claramente subjetivista. Para ilustrar un poco más concretamente los cuentos voy a referir en pocas palabras el argumento de cada uno de ellos: En Aura, una anciana instruye a una mujer joven sobre cómo matar a un hombre, mutilándolo. Esas cosas que piensan las mujeres narra los sentimientos de soledad de una mujer después de acostarse con un hombre que en realidad no le atrae. Dulce amor mío cuenta una fantasía sexual sadomasoquista llevada a sus últimas consecuencias de muerte. En Aragato bar, una discusión sobre la tristeza acaba con el suicidio de un poeta y la indiferencia de los que le rodean. Del mismo lado, un hombre y una mujer en la cama; ella le guarda rencor porque antes tuvo otra pareja y ella duerme en su lado de la cama. El cuento se resume en su frase final: «Ella le susurró, “te detesto”. Entonces él la deseo más». En Vete de mí, unos antiguos amantes quedan una vez al año para tener un encuentro sexual, pero el ambiente entre ellos es tenso. De su conversación se deduce que mientras ellos están allí la actual pareja de él se está haciendo cortes en la vagina con una cuchilla de afeitar. Este cuento es interesante porque es en el único en el que se hace una mención a sucesos exteriores reconocibles de la violencia que vivía Perú en los 80. «El ambiente y todo aquello que lo rodeaba eran demasiado para él. Sobre todo en los últimos días: las esquirlas de los últimos sucesos (atentados, cochebombas, cadáveres encontrados en los acantilados de la costa, cajas de leche con restos óseos)». En La sustituta. una niña tiene miedo de volverse loca porque se ha tomado por error las pastillas (no sabemos de qué tipo) de su padre, que suponemos un maltratador. Su miedo se va perfilando en temer que su madre, cuando vuelva a casa, no sea ella sino una mujer que se hace pasar por ella, y a pesar de que todo parece una paranoia la ultima frase nos deja la duda de si realmente es así. Deja vú narra precisamente eso, el deja vú de una mujer de clase alta que se torna una pesadilla en la que contempla a su hija muerta. Rara avis es el cuento más irreal. Es el relato de un hombre que vive con un ser fantástico al que describe como un monstruo y que es su mujer y al que después de múltiples vejaciones acaba matando. En El limpiador, un hombre encarga a un sicario que vengue el asesinato de su hija. Este lo hace y termina comiéndose el corazón de su víctima.

El ambiente de la mayoría de los cuentos es pesadillesco, y de todos ellos desasosegante y desolado. Siempre hay en ellos una violencia latente: verbal, psicológica, física o todas ellas. Y en todos, de una u otra forma, la mujer aparece como un ser violentado, por sus compañeros sexuales, por su padre o por la sociedad en general, de una forma cruda y lacerante que bajo mi punto de vista funciona como una denuncia. Rompe con la imagen tradicional del amor, que aquí llega a ser algo aterrador y malsano.
No hay uniformidad en la voz narrativa: hay cuentos en primera persona, a veces hombres, a veces mujeres; y otros relatados por un narrador omnisciente. Lo que aúna las voces creo que es un objetivismo en la forma de narrar, la autora se muestra emocionalmente distante, no da opiniones, pero el lector sí las saca. Los protagonistas son outsiders, marginados, marcados por la dominación y la violencia.
Con respecto a los temas c
onsidero que hay dos leit motiv o ejes que vertebran la obra: el erotismo/lo sexual y la violencia. En muchos de los relatos aparecen mezclados y otros solo son violentos, a secas, aunque bajo mi punto de vista esa violencia siempre está motivada por lo sexual, aunque sea de una forma simbólica o no se explicite en el texto. Los cuentos toman partido y denuncian, desde una reelaboración artística y deconstructivista, nada panfletaria, el machismo imperante en la sociedad en general y en la sociedad peruana en particular., y como ese machismo degenera en violencia y relaciones de dominación/sumisión.

El erotismo funciona como una subversión del lenguaje dominante y de lo racional, símbolos de lo masculino. Creo que hay una intención consciente de conectar con lo visceral, que también es emocional. La pulsión deseante del individuo (las pulsiones y fluctuaciones del deseo). El erotismo trasciende lo cotidiano y abre una puerta a una región diferente del ser. Pero el erotismo de «Me perturbas» es de todo menos complaciente y está cercano a los postulados de Bataille y Sade. Bataille define el erotismo como la presencia de la vida dentro de la muerte y de la muerte dentro de la vida. Para él en la vida existen dos fuerzas: una tiende a la individualización (supervivencia) y la otra tiende a la fusión (descomposición del individuo y por lo tanto muerte). Esta segunda fuerza es la violencia. En el erotismo ambas fuerzas entran en acción. El individuo quiere seguir siendo él mismo y a la vez fundirse con el otro. Él ve esta fusión como destrucción, violencia y muerte. El erotismo entendido como trasgresión, violencia, profanación, voluntad de anularse y anular. El sexo como animalidad que rompe los pudores de la vida cotidiana. El erotismo es una forma de conocimiento a través del cuerpo. Las palabras son controlables, el cuerpo no.

En «Me perturbas» la narradora es una mujer de mediana edad enamorada de Val, un hombre más joven que ella. El cuento supone una revisión del tópico del romance entre una mujer mayor y un hombre joven. Estereotipo en el que la mujer suele salir malparada en las opiniones de los demás, que la juzgan. La acción se desarrolla en un tiempo indefinido, pero corto, en lo que suponemos son unas vacaciones de un grupo de amigos en un hotel. No se explica el por qué les acompaña la narradora. La pasión que siente la mujer se va perfilando como enfermiza en una noche en un bar en la que ella le acaba lanzando un dardo a su amado, por despecho, y como este acto violento parece ser lo único que despierta el deseo del joven por la mujer. Val le pide/ordena que se autolesione. Y los dos últimos párrafos suponen el clímax del cuento con una escena sexual, cuanto menos extraña, que comienza con ella chupándole la sangre de la herida que le ha proferido momentos antes. Este cuento es una deconstrucción de los tópicos del enamoramiento, que aquí no tiene nada que ver con el amor romántico, al que incluso ridiculiza como falso: «Las conversaciones de los amantes son generalmente monosilábicas, […] ¿ah?, ¿qué dices? (…) Todo el resto son situaciones falsas, descritas solo por quienes nunca vivieron hasta hacerse daño, descritas para crear un ambiente rosado y macilento». El objeto de amor no está idealizado, la protagonista es una antiheroína. 

Los personajes solo pueden expresar el amor a través del dolor. Hay dos momentos diferentes en la relación entre estos dos personajes marcados por las frases de la mujer: «Así que debo comportarme como una dama» (guardar las apariencias) y «He dejado de comportarme como una dama» (cuando se abandona al deseo). La descripción que hace la mujer de lo que está sintiendo es muy acertada, con imágenes poderosas. «A todo lo que siento no sé si llamarlo dolor o sosiego o deseo». El discurso se muestra fragmentado, como si siguiera el devenir del pensamiento de la narradora. No se da importancia a lo externo, que se presenta solo a través de pinceladas. El énfasis se pone en el mundo interior. El lenguaje se vuelve cercano a la poesía «los otros giraban el tema como se gira un vaso de cerveza […] casi sin sentir que se está manoseando una cosa transparente. La noche me golpea la cara».
«Si yo pudiera decir tan solo una palabra que fuera cierta diría: me perturbas».

Aunque en este cuento no hay nada explícitamente coital, como en otros, cuando nombra lo sexual lo hace sin circunloquios: «cierro los ojos, entreabro los labios y me vuelvo mucho más fea pero mucho más sexual» y lleva lo sexual al límite con la violencia física. Creo que con esto R.S.S denuncia en sus cuentos la condición de mujer como ser violentado en la sociedad patriarcal, dominación simbolizada por lo sexual: maltrato físico, violaciones etc., pero que se hace patente en todos los aspectos de la vida. La sexualidad como malestar, tradicionalmente rodeada de culpa y de vergüenza. Hay un intento por superar la sexualidad falocéntrica, puesta en práctica, y escrita, teniendo como referencia solo el deseo del hombre.

Es sintomática también la presencia de drogas en estos cuentos. En varios de ellos los personajes consumen ansiolíticos como forma de evasión. El ansiolítico es una droga plenamente posmoderna, y comunmente aceptada entre las clases medias como paliativo del malestar vital.

Aunque desde un enfoque original, estos cuentos se inscriben dentro de una corriente de literatura escrita por mujeres en la que por primera vez se enunciaba el propio cuerpo, la pasión erótica y el deseo de las mujeres. Esta corriente se ha cultivado en Perú sobre todo en poesía a partir de los años 80.

(Esta entrada es una adaptación de un trabajo que presenté para el seminario Literatura peruana en contexto impartido por la profesora Raquel Garcia Borsani en Berlín en el año 2009).




[1] Rocío Silva Santiesteban: «Basta ser mujer para escribir como mujer», en El combate de los ángeles. Literatura, género y diferencia.

domingo, 14 de mayo de 2017

Dragustín, un dragón de cine, Mar Pavón y Lucía Serrano



Nada más ver Dragustín, un dragón de cine, hubo algo que me atrajo en él. Me pareció un libro vivaz y positivo, aun antes de abrirlo. Mi amiga P. me dijo que a su hijo le encantaba, es más, que era uno de sus preferidos, y le pedí que me lo prestara para leerlo con M. 

Y, efectivamente, Dragustín no decepciona. M. se estuvo partiendo de risa desde la primera a la última página, y lo hemos releído muchas veces. El cuento narra la historia de Dragustín, un dragón feliz... y también muy rutinario, hasta casi el aburrimiento, que hace todos los días lo mismo: "levantarse a las siete, desayunar a las ocho, leer el periódico a las nueve, pasear a las once..." y así con todo. 


Pero lo que Dragustín aún no sabe es que de un día para otro le va a cambiar la vida a raíz de contestar a un anuncio por palabras del periódico en el que se busca a un actor para interpretar el papel de dragón en un película.

Él piensa que, a pesar de no ser actor, nadie podría representar ese papel mejor que él. Así que, ni corto ni perezoso, se planta en la calle San Jorge (guiño para los mayores) para hacer el casting. Dragustín causa sensación en el plató porque es enorme, aunque también un poco torpe, y causa un par de destrozos sin pretenderlo. 



Al director de la película es al que más le gusta y le contrata sin dudarlo. Los días de rodaje se suceden y Dragustín se maneja regular en unos espacios tan pequeños para su envergadura. Así que, sin querer, rompe el decorado, le pisa el pelo a la princesa o se lo pone muy difícil al caballero cuando le quiere clavar la lanza. El dragón se siente avergonzado, pero el director en cambio está encantado con el realismo de su personaje y no hace más que alabarlo:

¡TREMENDO, BRUTAL, MONSTRUOSO!


Eso sí, todos creen que Dragustín es un actor con un disfraz muy logrado. Poco a poco, Dragustín va sintiéndose más cómodo con esa vida ruidosa e imprevisible que tiene ahora, y se va olvidando de sus rutinas de antaño que tanta seguridad le daban. 

Después de muchas aventuras, un día todo el equipo descubre que Dragustín es un dragón de verdad y... después del susto inicial incluso van con él al estreno de la película, al fin y al cabo ¡él es la estrella!
Me parto con la cara de Dragustín y con sus posturas


Viendo las ilustraciones os podéis hacer una idea de lo simpaticorro y expresivo que es Dragustín. La edición y el formato están muy cuidados y es un libro que os recomiendo sin dudarlo.

* (Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).


 
  

miércoles, 29 de marzo de 2017

Quién quiere ser madre, Silvia Nanclares


Vengo a escribir sobre Quién quiere ser madre, de Silvia Nanclares, a una cafetería. Estoy en Madrid, fuera de mi ambiente habitual, pudiendo mirar la rutina de los demás sin ocuparme de la mía. Un grupo de madres recientes se ponen al día mientras sus bebés se mueven sin parar e intentan coger todo lo que tienen a su alcance. Mi hija tiene seis años y es la segunda vez que estamos separadas durante unos días. Puede parecer anecdótico, pero este hecho envuelve la situación y a mí misma en un halo de irrealidad porosa que seguro que influye en mis palabras.
Me cuesta concentrarme porque el oído se me va involuntariamente hacia la conversación de esas madres en la mesa de al lado, a su vivencia, que en parte puedo reconocer como mía. 

Toda esta introducción tiene más que ver con Quién quiere ser madre de lo que parece, porque Silvia Nanclares narra y hace literatura de una experiencia vital que no ha sido la mía, pero que podría haber sido parecida si yo hubiera tomado otras decisiones y seguido otro camino. Su historia ha conectado con algo muy profundo dentro de mí misma mientras iba pasando sus páginas sin poder despegar la vista de esa vida, la ficción autobiográfica que su autora nos ha regalado.

Los que seguís el blog sabéis que sobre todo escribo de libros que me han gustado y que quiero compartir para que caminen un poco más allá y puedan llegar a personas que quizá de otro modo nunca los hubieran conocido.
Pero hay otros casos en que un libro me agarra y se me mete dentro haciéndome florecer y emocionándome, entonces no puedo parar de leer y es como si estuviera sentada con quien lo ha escrito y me estuviera contando de viva voz todo eso que tanto me agita, que me hubiera gustado escribir a mí. Esta novela es uno de esos casos.

Aunque ya lo haya dicho algún crítico, quiero repetir que Quién quiere ser madre es una novela necesaria, con un tema y una forma de tratarlo que nadie había abordado aún en la literatura española. Y yo añado que es una novela sincera, directa, sin trucos, escrita desde las entrañas que me ha hecho reflexionar y emocionarme.

Aborda, sin ningún tipo de sentimentalismos ni tópicos, el deseo de ser madre de una mujer, Silvia, que está a punto de cumplir 40 años y que ve como el tiempo y su "reloj biológico" han dejado de ir a su favor o de ser "una construcción social de género" y empieza a cargarse de biología y a funcionar como una bomba de tiempo,       "(...) tic, tac, estoy sentada encima".

Esta novela es su viaje, desde la ilusión, el anhelo de la maternidad, el deseo corporal, las dudas, la frustración de no encajar en un molde, el autocuestionamiento... El haz y el envés de un deseo.

Pero también es una novela de amor sin romanticismo vacío, y una novela familiar con el dolor por la muerte de un ser querido descrito con una autenticidad desarmante.

No puedo resistirme a copiar un par de frases.

"Y agradezco, aturdida, a la vida por regalarme a una persona mientras me sustrae la fuerza de otra".

"Y bebo. Y lloro. El tiempo, definitivamente, se ha salido de madre".

Quién quiere ser madre también es tan grande porque es feminista, porque consigue con su experiencia personal hacer una reflexión general sobre la generación de nuestras madres, que fueron jóvenes en los 60 y tanto lucharon por hacer valer su identidad como mujeres. Y sobre la nuestra: precaria, perdida, con tantos derechos, libertades y experiencias ganados, pero con todas las contradicciones y dificultades de vivir en un sistema que vemos destruirse, y que nos destruye, delante de nuestros ojos. 

¿Quién podrá y querrá tener hijos con una vida tan líquida? Silvia Nanclares habla largamente de ello en la novela, de las madres, las que no lo son y las que querrían serlo. Y lo hace sin aspavientos ni victimismo. ¡Y eso me ha encantado!

Y leer la vida, una vida real es como un bálsamo frente a todos los sueños incumplidos y rotos que son parte de mi vida. Gracias, Silvia, por darle una patada de realidad a la mentira del amor romántico, a las maternidades sin mácula, al feminismo sin contradicciones, al capitalismo feroz que quiere comercializar con el deseo de tener hijos...

Bienvenidas a la novela social del siglo XXI. 
"Lo privado es político"

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viernes, 17 de marzo de 2017

Fresy Cool, Antonio J. Rodríguez


(Cuando un escritor te decepciona)


Esta mañana me he puesto de mal humor, Fresy Cool tiene ese don, no se lo voy a negar, pero después de transitar por diversos estados de ánimo y sensaciones mientras la leía no he podido más y la he tenido que dejar. Y digo "tenido" porque realmente he sentido que la novela no me dejaba otra opción. Exactamente en la página 260. En realidad, me quedaban poco más de 100 páginas para terminarla; podía haber hecho el esfuerzo, pero estaba completamente saturada de su intelectualidad vacía, su superposición de citas intelectuales y sus guiños posmodernos.

No me gusta nada dejar los libros, en parte es como si traicionara al autor, pero tengo montañas de ellos esperando ser leídos y demasiado poco tiempo como para hacerlo por inercia, sintiendo que el fondo y la forma de la ficción no me aporta nada ni me remueve por dentro.

Podía haber sido diferente. Me gustan mucho las novelas generacionales, las historias de jovencísimos airados, y Fresy Cool y su Madrizcentro alucinado podía haberme enganchado...
 A Antonio J. Rodríguez le conocía por su novia, Luna Miguel, a la que sigo a través de su blog. Ella es como un sueño: poeta, bella como una ninfa y una evocadora 3.0. También leí algunas entradas del blog del autor que escribía con el seudónimo de Ibraim Berlín; y me gustaron. Estaban llenas de referencias cultas, de cultura pop y análisis sociológicos, pero, claro, no pretendían ser un texto fundacional.

La novela es... de verdad, me faltan palabras para describirla. Es lo más vacío y pretencioso que he leído en mucho tiempo. Aunque también es posible que yo sea una persona antigua que no entiende el valor disruptor de la experimentalidad en literatura. Fresy Cool es básicamente un experimento fallido, una novela que dinamita los géneros, la linealidad, la trama en pos de una verborrea incontenible, tropecientos heterónimos, ironía y miles de lecturas metidas a presión en el texto para que al lector no se le olvide la grandísima cultura de su autor (y tampoco su enorme ego)
Aún así, intentando ser justa, creo que tiene mucho mérito escribir así, tan difícil, tan lleno de literatura, jerga y cambios de espacio-tiempos, narradores... pero también creo que Antonio J. Rodríguez escribe para sí mismo y no para los que le leemos ya que estoy segura de que no soy la única que se ha sentido timada. Y es raro, porque está bien escrita, es un auténtico ejercicio de virtuosismo literario, pero no hay nada auténtico ni visceral en ella. Es todo falso y plasticoso.

Tomo una cita de las muchísimas que a su vez hay en la novela: "Toda novela se escribe para vengarse". Oye, pues lo has conseguido.

martes, 7 de marzo de 2017

Los Goytisolo, Miguel Dalmau

(No ficción)


En esta entrada me gustaría compartir la biografía de Los Goytisolo, escrita por Miguel Dalmau. Las biografías y las autobiografías son un género en sí mismas, que creo (o por lo menos en mi caso está siendo así) que se empiezan a apreciar  de verdad cuando una va haciéndose mayor. 

Con veinte años me interesaba infinitamente más leer novelas, por muy existenciales y oscuras que estas fueran, retratos generacionales ficticios, cuentos hiperrealistas, realismo mágico en vena, Bildungs Roman... y casi cualquier cosa antes de animarme con las vidas reales de escritores, artistas o directores de cine. 
Pero, como ya sabréis, es un género muy cultivado y hay muchísimas biografías y autobiografías de toda suerte de personajes conocidos, desde los más fascinantes a los más prescindibles y estúpidos. Algunas de ellas, como Open, la autobiografía de André Agasi, nunca pensé que me llegarían a interesar, pero ahora estoy deseando leerla ya que por lo visto supera totalmente el ámbito deportivo, ahondando en las contradicciones y el sufrimiento de la persona enfrentada al mito en que los demás han querido convertirlo, y odiando aquello (el tenis) que le ha llevado a la fama.

Aunque ahora que me acuerdo, cuando era algo más joven, bueno, en realidad hace más de 15 años, leí dos autobiografías que me gustaron mucho. La primera es una autobiografía atípica de Groucho Marx que lleva por título Groucho y yo, y que leía en la calle del Oso, en el cuarto sin ventanas de S. La segunda me marcó más, ya que me servía de proyección de mis anhelos de convertirme en escritora. Leer los fracasos, tumbos y profesiones inverosímiles de Paul Auster, relatados por él mismo, antes de llegar a convertirse en el escritor de culto que es hoy, me hacía sentir que todo era posible, a pesar de los fracasos. El libro se titula A salto de mata. Crónica de un fracaso precoz.



En el blog he reseñado algunas autobiografías al uso, como esta de Agatha Christie, y biografías sui generis, como esta otra sobre Roberto Bolaño.

He leído Los Goytisolo porque en un momento de mi vida, por alguna razón que se me escapa, Juan y Luis Goytisolo fueron importantes y estaban presentes, y no entendía todas sus palabras y las implicaciones de las mismas, pero no importaba, porque La cólera de Aquiles y Señas se identidadresonaban fuerte, me hablaban a mí, como solo saben hacer los buenos libros, como si yo hubiese vivido esa opresión y esa libertad atisbada que fueron los años 60 en España. Y por sus palabras conocí Cadaqués, la angustia del escritor dentro de su libro, los monólogos interiores llenos de vericuetos...

Es cierto que la biografía se hace pesada (tanto literal como metafóricamente) y hay partes en las que cuesta avanzar. Pero es un ingente mar de información sobre estos tres hermanos escritores y su temperamento artístico, así como sus circunstancias familiares; y un fresco minucioso de la vida de la burguesía catalana desde finales del siglo XIX hasta finales de los años 90 del XX.

miércoles, 25 de enero de 2017

Mamá, Mariana Ruiz Johnson


¿Cómo un libro tan sencillo y con tan poco texto puede dejarte sin palabras?


Pues eso es justamente lo que me ha pasado con Mamá. Era un libro del que ya había oído hablar, pero no había disfrutado de sus fantásticas ilustraciones, su tacto y su poder de evocación hasta que mi amiga E. me lo prestó.

Después de un par de meses ya ha llegado el momento de devolvérselo, y me gusta tanto que me da pena y me estoy resistiendo (pero no sufráis, que no me lo voy a quedar).
Me encanta el culillo picudo del bebé.
Mamá es un libro infantil, pero en realidad a las que nos va a sacar las lágrimas es a las madres, porque trata justo de eso: de la relación simbiótica entre madre e hijo desde el embarazo hasta la adultez. 
La historia está escrita en rima y tiene versos tan evocadores como estos:

"Mamá es tantas cosas...
Es casa redonda,
mullida y andante, 
es centro feliz,
seguro y radiante".  

 Lo primero que me ha llamado la atención es la atractiva gama de colores que utiliza, muy llamativos y vivos sin resultar estridentes. Se mueven en una gama de tonos tierra, verdes y azules que nos acercan a una interpretación expresionista de la naturaleza.

A lo largo de sus páginas acompañamos a una mamá humana, así como a una mamá vaca, oso, leopardo, elefante y cocodrilo. Me encantan las páginas en las que las mamás están embarazadas y se ve a los bebés, felices en sus tripas.


Otro momento que me ha atraído como un imán es cuando la mujer da a luz a su hijo. El texto que acompaña la imagen (como podéis ver en la foto superior) expresa un sinfín de emociones usando solo unas pocas palabras, y la ilustración me ha llegado al corazón al ser, para mí, una recreación metafórica de lo que puede ser un parto "salvaje" y libre. Es una imagen muy potente y poderosa. 
Por supuesto esto es lo que me ha evocado a mí, pero hay muchas otras posibles interpretaciones. Lo que está claro es que aquí la mujer no está en una quirúrgica y fría sala de hospital, sino que se encuentra en medio de un bosque o una selva, acompañada por los ruidos de la noche y en lo que podría ser un parto "extátito".


Las siguientes páginas son una celebración sencilla y sincera de todo lo especial que tiene esa relación entre madres e hijos, da igual de qué especie. Y la autora consigue que la veamos tanto desde el prisma del hijo como desde el de la madre.
Mamá es realismo mágico sin necesidad de complicadas descripciones.

Me parece un libro maravilloso para regalar a una madre reciente (o no tanto), y que seguro que le llegará al corazón.



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