domingo, 29 de mayo de 2016

Para niños: La cebra Camila, Marisa Núñez y Oscar Villar


Había visto este libro nombrado varias veces en el La biblioteca de los peques, un grupo de facebook que me está descubriendo muchos cuentos y autores de literatura infantil y que también me está ayudando mucho a difundir mis reseñas "para niños", así que aprovecho esta entrada para recomendároslo si aún lo lo conocéis. 
Ha coincidido que lo he visto en la biblioteca del Cervantes y me lo he traído a casa.
A Maia le ha gustado, pero como le pasa últimamente con otros libros de poco texto (este tiene un par de líneas por página), pronto se le queda un poco corto.
El cuento tiene un comienzo poético con nuestra protagonista, la cebra Camila, viviendo "allá donde se acaba el mundo, en el país donde da la vuelta el viento".
Camila quiere ser libre, sin tirantes ni ataduras, pero su madre (como muchas de nosotras) es fan de abrigar a su hija; ayyy, con lo que le gustaría a Camila rodar por el campo sin sentirse comprimida en su apretado mono de vestir.
Un día sale de casa sin ropa y pierde sus rayas, lo cual le pone tan triste que se echa a llorar.
A partir de aquí, el cuento se convierte en una de esas historias trenzadas y rimadas que tanto gustan a los niños. 
En cada página un animal diferente le devolverá una de sus rayas, aunque de una forma especial y mucho más original que la que tenía originalmente.
La serpiente le da un anillo, el caracol una rayita de plata de su baba, el arcoíris una banda de colores... 
Cuando Camila vuelve a casa ya casi no llora y tiene un precioso vestido variado y multicolor... y que no aprieta, hecho con las rayas que le han regalado sus amigos.

La cebra, aún así, está un poco triste porque piensa que su madre quizá se va a enfadar con ella por no llevar el mono que ella siempre le pone. Pero la mamá, en cambio, le dice que ya es grande para llevar cordones y tirantes, y le trenza una preciosa cinta para que adorne sus crines.

A pesar de que lo hemos leído pocas veces a Maia le ha hecho bastante gracia Camila y el soniquete de la historia. 
Me parece un libro muy adecuado para niños de 3-4 años, y con él se puede trabajar la diversidad, el valor de cada uno de nosotros independientemente de que no nos adaptemos a un estándar y el valor de la amistad.

*(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).





lunes, 16 de mayo de 2016

Para niños: Una cosa negra, Emilio Urberuaga




Hace poco os hablé de Emilio Urberuaga, sobre todo en su faceta como ilustrador. En el libro que os voy a enseñar hoy firma tanto los dibujos como el texto.

El protagonista de la historia es Bruno, "una cosa negra que se aburría como una ostra gris". Bruno busca un amigo ya que se siente muy solo. Se va encontrando a diferentes animales: dromedarios, ovejas, gaviotas, narvales, cocodrilos o jirafas, y se mimetiza con ellos para que le dejen jugar, pero todos le ven diferente y no le hacen caso.





Al final del cuento, en un toque humorístico que ha sido muy celebrado por M., Bruno se encuentra con diez cacas, pero no se transforma en una de ellas porque le da bastante asco. 


Por la noche, ya cansado... de pronto se encuentra una cosa blanca, le pregunta si quiere jugar al escondite y la cosa blanca acepta encantada. ¡Por fin Bruno ha encontrado una amiga!



Es un cuento interesante, con un lenguaje sencillo y ocurrente, en el que se trabajan los números del uno al diez y también se puede tematizar con los niños la importancia de la amistad, la discriminación y reforzar la idea de inclusión mediante el juego con otros aunque sean diferentes a ti.



Es ideal a partir de los dos años y medio, cuando ya puedan meterse en la historia, entender los conceptos y empezar practicar los números.

*(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).





martes, 3 de mayo de 2016

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince


Hoy mi madre se pasea otra vez por aquí y comparte con vosotros la reseña/crítica de una novela que le ha entusiasmado, El olvido que seremos, de Héctor Abad. A este escritor colombiano lo conocimos a través de mi amiga K. que ha traducido al alemán algunos de sus poemas. Os dejo con ella. 

Hacía mucho que no me gustaba tanto una novela, aunque más que novela en el sentido estricto, este libro es un recuerdo emocionado de la vida familiar del escritor y un homenaje a su padre, Héctor Abad López, asesinado por los paramilitares colombianos en 1987. Él era un médico especializado en Salud Pública, un luchador incansable contra la miseria y la injusticia y un  defensor infatigable de los Derechos Humanos, y por lo tanto persona incomoda y peligrosa para el poder.

Hay muchos libros que son un ajuste de cuentas con un padre déspota, autoritario, distante e incluso maltratador de la madre y de los hijos; este es el caso contrario: pocas veces he visto una admiración y un cariño tan incondicional y sin fisuras de un hijo hacia su padre. Se puede decir que el autor era un niño “empadrado”, palabra que en castellano solo suele usarse en su forma femenina (enmadrado).

En el libro se recorren 50 años de la vida de esta familia colombiana culta y de clase social alta. La madre del escritor, en concreto, pertenece a las élites dirigentes y católicas del país, personas que nunca llegan a aceptar que se case con un doctor y profesor universitario izquierdista y librepensador.
La primera parte, donde rememora su infancia y adolescencia, es alegre, luminosa, y nos muestra a una familia feliz con unos padres cómplices y enamorados y unos hijos a los que siempre se llama “niñas” porque solo uno es varón. Se describen los personajes y los ambientes de tal forma que parece que los estás viendo, oliendo, tocando… Las sensaciones que transmite son de cariño, ternura, risas, con libros y música clásica de fondo, que el padre usa como remedio de males y tristezas, cada vez más frecuentes en su vida de activista social.

Es una familia en la que de forma natural se cambian los papeles tradicionales: El padre, de ideas progresistas, carece de sentido práctico y da dinero a todo el que se lo pide. La madre, a pesar de ser muy religiosa y de ideas conservadoras, monta de la nada una próspera empresa para mantener económicamente a su familia y también para que su marido pueda seguir con su labor cívica y humanitaria sin tener que someterse al poder. Es el padre el que más está en casa, en contacto con los hijos y no tiene nada que ver con otros padres de la época: es cercano, cariñoso, llena a sus hijos de besos, mimos y abrazos, pero también les enseña la sociedad en la que viven, incluida la pobreza y la miseria de barrios y hospitales.

En la segunda parte del libro 

el autor, con gran valentía, nos enseña el infierno; durante decenios, la violencia forma parte de la vida cotidiana de Colombia y aquí nos describe, sobre todo, la terrible presencia de los paramilitares, que amenazan, torturan y asesinan a sectores cada vez más amplios de la población.

El autor cambia completamente el tono del relato, han tenido que pasar 20 años para que pueda hablar del tremendo dolor de la muerte del padre y ya no es solo él el que habla sino que da voz a su madre, a sus hermanas, a los amigos y compañeros del padre, muchos de ellos en el exilio.


Esta novela es un ejemplo de cómo desde la memoria se pueden superar la perdida y las heridas que deja la violencia, y es también un homenaje al padre con los ecos del poema de Borges (“ya somos el olvido que seremos”) que da título al libro y también de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

                                            Isabel Sánchez Suárez




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